Cuando estaba en quinto de primaria, le dije a mi madre: “soy gay” ella me dijo que era imposible, yo había amado a las mujeres antes de ser concebido.
Cuando paseaba en los buses y los niños se subían, reservaba el asiento de mi lado para alguien que se sentará, y pocas eran las veces que alguien se sentó.
Ella me dijo, lo curaremos con algo de terapia y tal vez algo de religión.
Hice un bautizo, hicimos un desfile en mi habitación, una oración a dios, quisimos hacer una primera segunda y tercera comunión. Ella me dijo, ¿Por qué te gusta jugar a ser Dios?
No podía cambiar, incluso si mi madre lloraba. Este cariño por los gestos finos en un cuerpo varonil, hacía que mi cuerpo se pusiera tibio.
Mi cuerpo solía ponerse tibio; incluso cuando caminaba por las catedrales de esta ciudad.
Miles de caras me miraron extrañados, algunos me golpearon.
Por su lado al otro lado de este barrio, una niña al llegar a la secundaría preguntó si tenía sexualidad. No sabía que era un hombre, o que significaba ser una mujer.
Ilusiones tristes, pequeños y alegres momentos que quiso tratar de extender. Y siempre estaba un tanto fría, cuando veía el mundo a su alrededor.
Me hice amigo de muchas lindas señoritas, todas hablaban de lindos corazones y lo hermoso que era amar. Me dijeron que todo estaba en mi cabeza, únicamente tenía que conocer a dios, ser islamita, y saber que pronto estaría riendo.
Vean, que en la calle solían escupir a mis pies; por su lado a ella también solían escupir, un poco.
Se nos proporciono una atmósfera, similar a una serpiente cuando conocí a ese tipo de ser humano. Tenía un exterior de mujer, con rasgos de hombre también. Golpes gritos y llantos.
Pasaron varios años, y los conservadores aun me decían: “Alto, esto no esta bien”
A veces trataba de ser “normal” aunque a nadie dañaba, el que pudiese querer.
Por su lado, una sonrisa se dibujo en el rostro de esa pequeña persona. Los días los hacía lindos al momento y no había que recurrir al pasado.
Nos vimos una vez en una sala de cine. Hablamos del pasado, de como vestía como chico, y sostenía sus cigarros, como un chico, únicamente uno, podía hacerlo.
Hubieron unas cuantas sonrisas.
Todo estaba tan tibio.
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