sábado, 10 de mayo de 2014

Conversaciones entre dios y ella.

-¿A qué saben, los días de descanso? ¿Puedes decírmelo?

-Pues son extraños, puedes recostarte y no pensar en nada ni en nadie.-Dijo Dios.

-¿Así como si no me quisieran? Podría desaparecer de este infierno, ¿evaporarme?

-Este no es un infierno. Y si tu corazón lo siente así, pues permíteme decir que cometes en un grave error.

Dios se estaba sentando al lado de ella y le acariciaba el cabello. Ella lo tomaba como si fueran los abrazos de sus seres queridos, de su hermano, de sus padres, y lentamente se volvía de espaldas, y con un tono bajito de voz decía:

-¿Cómo no es un infierno? Has visto lo que han hecho, lo que yo también, en muchas ocasiones, y aún así dices que no lo es. No entiendo.

Dios se acercó; le señalo los montes, los campos verdes, las madrigueras y el espectáculo de una persecución. Eran cien lobos en busca de un conejo. Era escuálido, ridículo, torpe, pero nada le quitaba lo hermoso. Iba en busca de su muerte, y escapa a la vez. Era una belleza oculta entre el festival de sangre.

-Hija, tu eres ese conejo que se oculta.

-Sigo sin entender padre.

-Todas las cosas, hasta las minúsculas en este mundo cargan con una desgracia, una enfermedad. Por tus peso, tus livianos huesos, la forma en la que arqueas los dedos cuando fumas un cigarrillo, te harán siempre víctima de tus propios lobos. Pero igual que esa criatura, sigues siendo hermosa, fina delicada.

-No te creo Padre, me niego a que ablandes mi destino con esas palabras. Además no has aclarado el punto de que alguien me quiera. Ja, te he ganado.

-Que cosas hablas pequeña, bien sabemos que hay personas a las cuales les importas, que algunas no están cercas, otras han muerto. Claro, hubieron muchos que nunca lo hicieron.

-Entonces tu culpa padre.

-Y lo siento por ello, pero sabrás que tu amanecer será mejor.

-¿Y por qué habría de serlo?

-Por las cosas que planeo para ti.

Se retiró entonces planeando buscando, miles y miles de conejos la aceptaron como igual, la coronaron reina, le hicieron distintos bailes, algunos hasta aprendieron a hablar por ella, únicamente para decirle un te quiero.

Y a la mañana siguiente despertó siendo una más de ellos, aún en su cuerpo, se diferencio algo, pudo elegir su sexo, y decidir. Era libre, estaba libre. Seguía de dedos flacos, de piernas tan largas como frágiles, pero era libre.

Dios se le acercó en ese entonces y le dijo:


-Ya no habrá lobo quien te persiga.

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