sábado, 10 de mayo de 2014

Gato

Suelo siempre a las tres de las cuatro de la mañana seguir despierto, inclusive aún si me mata el sueño. Escuchando suaves sonidos de criaturas de plástico. Dándome siempre algo de lo que hablar. Mintiendo, siempre a mis padres, que he tenido, un sueño dulce y profundo, donde he sido recorrido por suaves manos provenientes de mi abuela, acabando en tiernos abrazos de mi madre.

Esto no sería gracioso, de no ser por el gato que constantemente observa mi toscos pies desde la ventana. Con una mirada inocente y un pelaje blanco, lo hace muy bien, para ser un simple gato. Mirándome directamente a los ojos y ocultado una sonrisa confidente, solo conocida por Alexandra, mi primer amor.

Así me mira el gato desde ese espacio casi sombrío, cada noche antes que mi mano caiga en mi sexo, y de acción a mis fantasías más remotas. De mujeres similares a cadáveres, en camas de flores, rogándome amor. No obstante esta noche es diferente, la ventana esta abierta, y el gato puede entrar si es que lo desea.

Nos miramos suavemente, y no hay reacción en su mirada. Sigue tierna, sigue corriendo fuera de mi. Y con cierto temor, acerco mi mano a mi sexo. Entonces, entra a mi habitación tomando la forma de una mujer que me es muy familiar.

Su piel, se pone de color pálida, y adopta la figura de una mujer que apenas cuarenta y tres kilos puede pesar. Sus ojos siguen siendo negros y su cara se asemeja a la niña de mis pesadillas, Alexandra.

-Cállate y no digas nada - Dice ella con cierto deseo.

Coge mi mano, la aparta de mi sexo. Y su boca, firme y pequeña, cuyos labios rojos carmesí, se acercan poco a poco hacia mi. Mientras, en otro movimiento de su cuerpo, su mano toma acción y hace que la mía juguete con su sexo, como si fuéramos dos mariposas jugando dentro de una flor.
Revoloteamos, entre ambos. Ella también colabora, poniendo su mano en la punta de mi sexo, y comenzando suavemente a bajar, y a subir, y de nuevo, a bajar. Haciendo un espectáculo de nosotros dos.

-Solo trata que sea despacio - Me dice mientras su sexo se acerca al mío, y comenzamos un rito siniestro entre ambos.

-Te lo prometo… - Le digo, pero no me deja continuar, ella ha empezado a gemir, como un animal. Como un sucio animal.

Su mueve tan bien cuando se poned arriba de mi, que solo me hace pensar en cuanto durara. Y tiene en sus ojos una cara de tristeza, se nota, que es su primera vez, y le duele cada movimiento que doy, y, como si fuera un juego de niños empieza a maullar.

Cada mauleo hace que este a punto de terminar. No obstante no puedo, me gustan sus pequeños pechos, y la forma en la cual se mueve su espalda cuando se retuerce, o la manera en como sus labios se humedecen.

Empieza a gritar palabras de amor, y yo le correspondo como su fiel sirviente. Más cuando llegamos al momento de decirnos un “te amo” ella desaparece. Y ya no puedo sentir mis pies, ni mas brazos, ni los latidos de mi corazón solo una penumbra dentro de mi, y una risa que se escucha desde la ventana.

Despierto y encuentro una nota de mi madre. La cual decía que habían encontrado el cuerpo de Alexandra en la madrugada, cuando eran las cuatro según se comenta. En su cama habían varios arañazos, evidentes señales de una violación, y al costado de su inerte pálido y delgado cuerpo una nota que decía.
“Ya no aguanto más tener que soportar estar encima de tu cuerpo, respirar tu aire, sentir rozando siempre tu sexo con el mío. No lo tolero. Por eso nunca dije que te amaba.”

En la ventana, curiosamente aparece un gato, que es de color negro. Tiene ojos negros, similares al que vino hace unas horas, cuando aún era de madrugada. Me recorre sutilmente con la mirada, demostrando la falta de interés hacía mi, pero yo le ignoro.


Me doy cuenta entonces, observando la nota, que yo no amaba a Alexandra. Es más, no recordaba inclusive como era su cara, ni boca, mucho menos sus palabras. Solo recordaba el increíble sexo que me daba cuadra vez que lo hacíamos frente a todos sus gatos, en la ventana de su casa.

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