sábado, 28 de junio de 2014

Imposible

He escrito en las últimas semanas alrededor de un cuento por día. Un pequeño cuento, por cada día. Pero me es imposible copiar y pegarlo acá. Así que público inexistente, les deseo una larga vida vida y vayan en una senda oscura a la muerte.

viernes, 16 de mayo de 2014

Ideas 3

Hoy quiero salir a una simple caminata. Olvidarme que he vivido y contar todos mis pasos si es posible. Pues la vida se me ha presentado de una forma difícilmente bella. A veces desearía no haberle conocido solo para no haber sentido nunca en mi vida. ¿Pero que es la vida sin sentir? ¿Se le puede llamar vida? No estoy seguro de ello.

Constantemente su recuerdo ataca una y otra vez, a lo mejor solo quiero ser querido, o a lo mejor simplemente quiero tenerla como un capricho.

Suena estúpido decirlo una y otra vez.

No te amo por tu enfermedad, te amo por quien eres. Esa escencia que ocultas detras de tu anorexia es mi forma de amarte.

sábado, 10 de mayo de 2014

La noche

Abriorense mis ojos contemplando, la caricatura de mi cuerpo. Magullado, triste, escamoso, bello, así era mi cuerpo, que tendido en la cama se asfixiaba con el ambiente que se me había proporcionado. Doce mujeres muertas en la habitación y la sonata del diablo se tocaba, en tanto yo erguía mi figura sobre el duro suelo.

Un destello, una luz apoderose de mi percepción de la realidad. Era la ventana que estaba al lado izquierdo de mi cama. Los marginados marchaban de siete en siete contra el gobierno. Pero, ¿Qué gobierno? No era mi tiempo. Es más, ni eran mis vírgenes muertas, eran sucias perras de cualquier truhán.

Y aún así me conserve en el cuarto, inerte, temeroso, patético y sobre todo ridículo. Observando las paredes del cuarto. Eran siete en total, cada una de ellas escrita tenía una historia diferente.

La primera era una serie de palabras amontonadas en perfecta armonía. Escrita de un color rojo, similar a la sangre. La segunda también, tan solo que en esta había unas palabras escritas en mayúsculas, adorando a un dios. La tercera, solo tenía escrita la palabra dios. La cuarta, puso a Dios y al Hombre como dos palabras Distintas entre sí. La quinta me hizo pensar, pues tenía un discurso bastante extenso, del hombre y la naturaleza; Se decía en ella que el hombre había nacido como materia, había nacido de la creación de bastantes químicos entre sí, y por eso éramos pertenecientes a la naturaleza. Decía entre líneas, que nuestra muerte daba más materia, daba más por qué vivir. Nuestra vida y muerte no eran nuestras, éramos de la naturaleza. La sexta y sétima no tenían nada que aportar.

La puerta su abrió y se incorporó a la habitación un hombre calvo. Que tenía la piel arrugada y demasiado opaca. Cuyos ojos eran grises, su boca del mismo color también.

No se sorprendió al verme.

-¿Quién eres?

No se digno a contestarme; en cambio me mostró una superficie plana, de la cual se proyectaron distintas imágenes.

Era un espectáculo hermoso, se nos veía a nosotros los hombres, como nunca antes se nos había visto. No había tierra, ni naturaleza, solo habían construcciones de un hermoso color gris. No existían las razas, éramos una especie de hombres arios. ¡Que hermosura! ¡Que dicha de espectáculo! El sexo era permitido en cual parte del globo terráqueo. No había ni flora ni fauna. No habían bestias. No nos preocupábamos por las prendas de vestir, ni por el alimento. No comíamos.

No obstante, aún así le increpe, preguntándole su nombre.

Siguió él sin darme una respuesta; y paso a mostrarme otra serie de imágenes.

Estás eran una serie de paisajes menos hermosos, si por paisaje entendemos el rostro de los hombres. Se veía como habían nacido mil religiones en el mundo, a lo que me hizo cuestionar quedado el Dios escrito la pared. Y, como si ese artefacto leyera mi mente proyectó una Biblia quemada, y miles de personas al lado, todas ellas danzando. Que espectáculo más atroz.

-Yo, no tengo un nombre - dijo el hombre de grises labios.

-Claro que tienes un nombre, todos tenemos un nombre.

-Yo no. No recuerdo haber tenido uno.

-Si lo tienes, claro, a menos que no hayas tenido padres.
-¿Qué es un padre?

-¡Qué hablas hombre! Un padre y una madre son los seres que os dan la vida. No podéis ser hombre, si no habéis tenido padre, mucho menos sin haber tenido una madre. Yo digo que estas delirando.

-No, yo no tengo padres.

Le creía, tal vez simplemente quería tomarme el pelo; por otro lado, tal vez simplemente tenía vergüenza de decirme que era huérfano. Y aún así, me inspiraba tal confianza, que hizo que olvidara el tiempo, o el espacio en que nos encontrábamos.

-¿Dónde estamos? ¿Qué tiempo es este?

Su mirada hizo que la mía se desviara a la calle, donde ya no había ni un alma, también al mirar al piso las mujeres habían desaparecido. No reconocía ya el cuarto. Una capa de humo me estaba ahogando, consumiendo mi ser poco a poco.

Y volvió a aparecer.

-Estamos en la tierra, solo puedo decirte; pues no sé a que te refieres con tiempo. Ya no existen épocas. Ya no existen edades ni años.

Al termino de sus palabras el humo desapareció y ante mi se inauguró un paisaje rojizo, árido, con un sol de color rojizo también.

-Si esta es la tierra; ¿Dónde están los hombres? Si esta es la tierra ¡Decidme porque el sol esta de ese color! Porque parece estar muerto.

-¿Hombres? Ya no existen, hace mucho que dejaron de existir. Según tengo entendido, se extinguieron cuando el sol aún era de color amarillo. Ahora, como tu mismo has dicho está rojo, pues es el último día de la Tierra.

-¡Qué cosas hablas! ¡Me engañas! ¡Esta no es la tierra! ¡No! Si esta fuera la tierra, habrían grandes construcciones. ¡Edificios que toquen los cielos! ¡Calles que atraviesen los cerros! Si esta fuera la tierra existiría también un Dios, y Dios nunca permitiría que esto le pasará a su creación.

-Ay querido. Bienvenido te digo nuevo al último día del mundo.

-¡Mentira! Esta no es la tierra, y este es solo un maldito sueño.

Corrí, y corrí desesperado. Golpeándome con lo poco que encontraba; cuando vi un cráneo humano, y desfile de huesos que le seguía. Todos ellos en direcciones distintas de donde se hallaba una construcción. Vi entonces, lo que en su tiempo supuso ser un rascacielos.

-¿Ahora me crees?-Dijo el ser incorporándose.

-No es posible.

Negaba con todo mi ser. No era cierto, no lo era. Era un maldito sueño. Simplemente eso. Tal vez antes de dormir… Pero, no recuerdo haber estado en mi cuarto. No…

-Verás querido amigo, lo insignificante que es tu especie. Observa querido, es el resultado, no hubo ni religión, ni construcción que pudiera salvarlos. Aún en la historia de su planeta resultan como especie tan pequeños. Pero que no te cueste entender, ya no tiene caso. Nunca entendieron que no eran ni si quiera animales, pues ellos llegan a una armonía. ¡No! Tus semejantes eran parásitos. Y yo, bueno yo siempre fui la cura.

-Y ¿Quién eres tú?

-Soy el destino, querido.


Al terminar sus palabras, el sol se apago. No había más tierra, no había mas especie humana.

Gay

Cuando estaba en quinto de primaria, le dije a mi madre: “soy gay” ella me dijo que era imposible, yo había amado a las mujeres antes de ser concebido.

Cuando paseaba en los buses y los niños se subían, reservaba el asiento de mi lado para alguien que se sentará, y pocas eran las veces que alguien se sentó.

Ella me dijo, lo curaremos con algo de terapia y tal vez algo de religión.

Hice un bautizo, hicimos un desfile en mi habitación, una oración a dios, quisimos hacer una primera segunda y tercera comunión. Ella me dijo, ¿Por qué te gusta jugar a ser Dios?

No podía cambiar, incluso si mi madre lloraba. Este cariño por los gestos finos en un cuerpo varonil, hacía que mi cuerpo se pusiera tibio.

Mi cuerpo solía ponerse tibio; incluso cuando caminaba por las catedrales de esta ciudad.

Miles de caras me miraron extrañados, algunos me golpearon.

Por su lado al otro lado de este barrio, una niña al llegar a la secundaría preguntó si tenía sexualidad. No sabía que era un hombre, o que significaba ser una mujer.

Ilusiones tristes, pequeños y alegres momentos que quiso tratar de extender. Y siempre estaba un tanto fría, cuando veía el mundo a su alrededor.

Me hice amigo de muchas lindas señoritas, todas hablaban de lindos corazones y lo hermoso que era amar. Me dijeron que todo estaba en mi cabeza, únicamente tenía que conocer a dios, ser islamita, y saber que pronto estaría riendo.

Vean, que en la calle solían escupir a mis pies; por su lado a ella también solían escupir, un poco.

Se nos proporciono una atmósfera, similar a una serpiente cuando conocí a ese tipo de ser humano. Tenía un exterior de mujer, con rasgos de hombre también. Golpes gritos y llantos.

Pasaron varios años, y los conservadores aun me decían: “Alto, esto no esta bien”

A veces trataba de ser “normal” aunque a nadie dañaba, el que pudiese querer.

Por su lado, una sonrisa se dibujo en el rostro de esa pequeña persona. Los días los hacía lindos al momento y no había que recurrir al pasado.

Nos vimos una vez en una sala de cine. Hablamos del pasado, de como vestía como chico, y sostenía sus cigarros, como un chico, únicamente uno, podía hacerlo.

Hubieron unas cuantas sonrisas.


Todo estaba tan tibio.

La dulce nueva belleza

Se nos daba los encuentros fallados en nuestro tiempo. No todo tiempo pasado fue el mejor, pero a nuestros ojos a veces podía resultar lindo.

Habían marcas en nuestras manos, habían cicatrices en nuestras espaldas, la primera vez que nos acostamos, y si mal no recuerdo era de primavera.

Que un chico había abusado de ti cuando eras apenas una niña de doce años, y que una mujer sedujo tu corazón para darle los mismos abrazos a cualquiera que se pasaba delante de ella. Que por mi lado, era un inexperto y solo una vez había amado, y fracasado. Cada uno tenía su historia tan distinta al otro.

Y en nuestras palmas se juntaban nuestros más grandes deseos, algo separados.

Después de terminar el acto me dabas la espalda y luego volteabas. Yo veía la luz, que reflejaba tu espalda. Tus caderas se juntabas a mi torso, y tus huesos marcaban mi piel. Se había perdido algo entre nosotros, no sabíamos qué, ni cuando, ni por qué. Pero a veces parecía que simplemente nosotros dos, entre nosotros nos encontrábamos.

Que hubiese pasado, si no hubiésemos encontrado nuestras manos. Hubiésemos seguido nuestros caminos cada uno por separados.

Tu cuerpo fino, y la delicadeza de tu cuerpo, que había crecido entre la más grande miseria, seguía intacta, pese a los años y a las tristezas.

¿Y que decías cuando te contaba un cuento? Ya casi es imposible enmarcarlo en un recuerdo, a lado del borde de tu boca, el de tus senos, el de tus cabellos.

¿Cuanto tiempo se nos había pasado? Pareciese que hubiesen pasado días cuando, ya teníamos años, de que en si nos hubiésemos albergado.

En las tardes frías, cuando un cigarro decoraba tu mano, y reíamos de todos nuestros errores, y cicatrices, decías a veces con un tono burlesco, eres un idiota.


Y ahí se nos tenía muchas veces, dando una pequeña vista al pasado, observando con más amplitud del futuro. ¿Que haríamos mañana? Sacaríamos algunas cuantas sonrisas, tu obra sería la más cotizada entre las artistas de esta ciudad de plástico, mientras yo inmortalizara tu nombre en tantas cosas que escribía.

Nota 2 (Simples ideas)

Si tu vida no ha roto ya tus rodillas, quisiera invitarte a una larga y dulce caminata. Lejos, muy lejos de todo el mundo, incluso si la gente se burlara de nuestras sonrisas. Ellos tendrán sus razones.

Vayamos lejos de esta ciudad, antes que las llamas la incineren, los cinco infiernos. Por favor vayamos antes de que se nos venga la noche y no tengamos a donde escapar. Las paredes crujen, los pisos revientan, las putas salen y corretean. Solo dime, que fue lo que hicimos de niños.

Y aún así, por favor sostén mi mano, durante algunos años estaría, demasiado, espléndido. Mis ojeras suelen doler, igual que tus pies. No tengo razón de estar aquí. Si las tuviera, no parecieras tan decadente.

Vayamos lejos de esta ciudad, antes de que sea tarde. Antes de que vuelva tu confusión y tu vida de prostituta regrese, en Miraflores.

-Pero no importa, igual te amaré.

Y si pudiera, escaparía a un lugar donde las voces no recorran mi piel. Vamos, vamos a un lugar donde las níveas palomas no tengan tu virginidad.

Puedes correr, puedes beber y drogar tu ser, y aún así pretender ceder. Todos tus sueños rotos, están en una esquina en Miraflores.


Algún día hay que tomarnos de la mano ahí.

Cuentos en cama (Feria)

En nuestros dulces paseos, olvidamos al resto del mundo. No se nos hacía raro que ante nosotros se nos formara una larga fila de humanos. ¿Por que tiene los brazos y piernas cortadas? ¿Porque tienen tantas ropas rasgadas ambos? se preguntaban algunos.

Entre tantas tardes de salir a caminar, o regresar de diversos viajes, o nuestras propias aventuras paralelas, porque no podíamos consumirnos ambos todo el tiempo; pues no todo el tiempo era de ambos, si no el tiempo que contaba para los abrazos de la noche, la curación de tus heridas, los cuentos, los secretos, y un infinito en el resto. Nos hicimos muchas heridas.

Muchas veces ambos salíamos con cortes similares, pese a mi imagen de salud, y a tu imagen de enfermedad, nos igualábamos en las calles, tomados de las manos, hablando tan alto, que hasta los señores viejos molestábamos. Se nos hacía risibles sus gestos a nosotros.

Usábamos una misma cajetilla de cigarros, cierto trece de abril. Cuando salimos a ver un desfile en la calle, eran miles de mujeres de piernas largas presumiendo esos senos gigantes que aterraban; por otro lado los caballeros cubiertos de prendas. Unos cuantos carruseles y niños que servían al ejercito.

Nos perdimos entre la multitud, se nos separaron las manos. Y entre la multitud y la sofocación no pudimos encontrarnos. Grité desesperado donde estabas y no oí tu respuesta. Gritaste mi nombre tan bien, y no pude oír tu voz.

Entre todas las horas que pasamos separados, cuando propusimos que esa fuera una tarde juntos, vimos miles de personas distintas, con miradas dispersas, cada una en su vida, a nadie le importaba nuestra pequeña grandeza, e inmensa insignificancia. Nos pisaron y golpearon; y al caer las nueve, entre la basura nos encontramos vagando, cada uno con sus heridas en la piel.


Te tome de los brazos, preguntándote, como había ido tu día, y me lo contaste, por mi parte te conté una parte del mío. Nos dolían las piernas, los brazos. A nuestros lados unas cuantas personas nos miraron a puntos de caer en el suelo; Pero a nuestro ojos ese dolor era casi intangible, y pese a tener todo el cuerpo a punto de caer, y si tu caías te sostendría, todo el ambiente, seguía como siempre, bañado de los mismos colores que habían en nuestro hogar.